Devoción II

La pasada Semana Santa tuve la oportunidad de acompañar a la cofradía de la Humildad de Úbeda en las horas previas a la procesión. Descubrí que le preceden varias horas en las que todos sus integrantes se van juntando en diferentes etapas hasta llegar al templo, desde donde salen. El ritmo de esas horas es frenético, sin descanso. Así, para los participantes la procesión no empieza cuando sale a la calle, sino unas cinco horas antes, eso sin contar todos los preparativos y ensayos realizados durante todo el año.

En primer lugar, los “romanos” de la Humildad quedan en su sede tres horas antes de la salida de la procesión, ya vestidos previamente desde casa. Son momentos de nervios y preparativos. A continuación, se dirigen hacia la casa del Hermano Mayor en las mismas posiciones en las que caminarán unas horas después en la procesión. Durante el recorrido, los vecinos sacan la cabeza por la ventana para verles pasar, mientras que el sonido de los tambores, las trompetas y los trombones retumban por el pueblo. En la casa del Hermano Mayor les espera un recibimiento especial, con comida y bebidas para reponer fuerzas.

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A continuación, se dirigen de nuevo a la sede para recoger a los penitentes e ir juntos hacia el templo. Los capirotes amarillos inundan las calles, y a ritmo ligero, se dirigen todos hacia la iglesia.

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El acceso al templo sólo se permite a los participantes y organizadores de la procesión. Allí les esperan el resto de integrantes que han ido llegando previamente a la iglesia. La multitud que se concentra dentro es increíble. Entre ellos, están los costaleros. Su vestimenta es quizás la más sencilla de todas: con la faja enrollada alrededor de la cintura, pantalones granate y camiseta blanca. Algunos descalzos, otros no. Es sorprendente ver como no son sólo hombres los que llevarán el trono a cuestas durante las más de tres horas que dura la procesión, sino que también hay muchas chicas costaleras, algunas de ellas jóvenes. Antes de meterse debajo del trono, se reúnen todos delante de la virgen para rezarle. Después, desaparecen bajo el enorme manto rojo.

 A continuación, todos los integrantes se colocan en sus posiciones, la enorme puerta de madera se abre y empiezan a salir. En ese instante se produce unos de los momentos más emocionantes: cuando los costaleros avanzan el trono poco a poco, para conseguir la impresionante hazaña de sacarlo por la puerta. El límite entre las paredes de la puerta y el trono es muy estrecho, de tan solo unos centímetros. Hay un silencio expectante. Aunque parezca que éste no podrá salir por ese espacio tan justo, cuando consigue pasar el umbral de la puerta, se hace un silencio aun mayor dentro del templo. Fuera, en la calle, los aplausos y vítores de la multitud que aguarda para ver la salida. Empieza la procesión.

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2 Respuestas a “Devoción II

  1. Excelente crítica e inmejorables fotos. Mándame un email y me cuentas como has conseguido presentar las fotos así. Es sólo posible con WordPress??? Y con blogspot?

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