Devoción I

Siempre me ha atraído la Semana Santa de Úbeda, pero no por motivos religiosos. En parte, porque me produce curiosidad el por qué la gente del pueblo -no los curiosos o turistas que acuden por el reclamo cultural o patrimonial- vive tanto la Semana Santa. No sé si es por devoción, por fe, por tradición cultural y popular, por costumbre, o por todo ello a la vez. De hecho, creo que llega a ser una mezcla de todo ello; si bien en Úbeda no se vive con tantísima fe como en otros lugares de Andalucía, sí es cierto que el arraigo de esa semana del año es fuerte. Los integrantes de las hermandades ensayan durante todo el año, y si aquel día el paso no puede salir por cuestiones meteorológicas, supone una auténtica decepción y frustración.

El otro motivo obvio por el cual me atrae esa semana en ese pueblo concreto, es por todo lo personal que conlleva para mí. Regreso a la infancia, recuerdos de sensaciones y sobretodo nostalgia por lo que un día fue pero que ya dejó de ser: niñez, ciertas personas, aquella casa. Gente, el suelo lleno de cáscaras de pipas, el olor a incienso que me transporta años atrás.

Las fotografías pertenecen a tres procesiones diferentes, entre los cuales están mis dos preferidas: la Soledad, con aquella emocionante subida a cuestas del trono de la virgen por la rampa adoquinada y que parece caerse, y el Nazareno, con el atractivo de salir a las 7 de la mañana con un frío atroz y en un ambiente de increíble y emotivo silencio.

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